Que Dropbox es una maravilla y que me encanta no es nada nuevo. Es sorprendente que te den, gratis, hasta 8 GB sincronizados en la nube y poder acceder a ellos desde Windows, Mac, Linux, tu iPad o tu iPhone. Se ha convertido en una de mis herramientas básicas, de esas que instalas en una máquina nueva en cuanto te la dan.
Y una de las características de Dropbox mejores, pero de las que extrañamente menos se habla, es su sistema de control de versiones integrado y automático. Si eres programador, estarás habituado a usar un SCM, bien sea CVS, svn, git o Mercurial. Si no, voy a explicar con un ejemplo lo que supone tener ese sistema en Dropbox.
Supongamos que necesitas dibujar un nuevo icono para esa aplicación de iPhone que ya estás terminando. Abres tu programa de retoque fotográfico y dibujo favorito (en mi caso Pixelmator) y creas el nuevo icono en una carpeta de tu Dropbox. Inmediatamente ves que en el icono de tu Dropbox se activa la sincronización: Dropbox está subiendo esa primera versión de tu archivo (vacío y sin nada dibujado aún) a sus servidores. Dibujas, retocas y cambias cosas durante una hora, sin pulsar la combinación de teclas de grabar. Eso, desde luego, es una invitación al desastre: no lo hagas. Seguro que cuando tengas el icono, o el documento, o lo que sea en lo que estás trabajando se te cuelga el programa y no te deja grabar. Así que graba más a menudo. Bueno, pues al grabar antes de irte a por tu merecido café, Dropbox sube la versión tal y como está ahora: casi perfecta. Hay dos versiones de tu icono entonces, la primera que creaste y que está vacía, y esta segunda casi terminada de antes del café.
Tras el descanso y de discutir con tus compañeros (es increíble que la gente piense que Java es mejor que Objective C!), vuelves un poco enfadado y te pones a experimentar con un nuevo filtro que se carga tu icono, y “sin querer”, grabas el icono. ¡Desastre!. En otro caso habrías perdido una mañana de trabajo. Pero ahora, Dropbox al rescate. Cierras tu programa de dibujo, para no liarla más, navegas hasta el fichero y pulsas con el botón derecho del ratón. Dentro del menú contextual de Dropbox, te encuentras con un pequeño menú como este:

Pulsando sobre la segunda opción (View Previous Versions) podremos consultar nuestro histórico de versiones para ese fichero, en la web de Dropbox. Y lo mejor, podemos convertir en la versión última (la que veremos en nuestra carpeta de Dropbox) cualquiera de esas. Así que nuestro sufrimiento se soluciona simplemente marcando la versión que grabamos antes del café y pulsando Restore. ¡Ya está!. Volvemos a tener la versión casi buena y podemos volver a estropearla las veces que sea necesario: siempre tendremos a Dropbox que vendrá pacientemente a nuestro rescate.














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