El primer día de la era Post Steve

Steve en mi iPhone

Steve en mi iPhone

Es cerca de la una de la madrugada mientras escribo estas líneas. Estoy sentado, solo, en total oscuridad. Los vecinos duermen. Y la habitación se ilumina, por un lado, con la luz de la pantalla TFT de mi Macbook Pro. Por el otro, gracias a luz de la manzana de Apple. Esa manzana que todos los que amamos esta compañía reconocemos y nos hace felices. Esa misma luz que se ha apagado un poquito hoy.

Hoy es uno de esos días en los que he tenido que trabajar 12 horas. Y estoy agotado. Pero algo se mueve en mi mente, algo que tengo que expresar con palabras para poder dormir. Hoy es uno de esos días en los que estoy seguro que dentro de diez años recordaré y me vendrá a la cabeza dónde estaba cuando me enteré de la muerte de Steve Jobs. Hoy es uno de esos días en los que uno sigue trabajando, aunque no tenga ánimos. En los que se siente triste. Uno de esos días en los que ves una noticia más, y sin querer se te saltan las lágrimas.

Y habrá mucha gente que no me entienda, que se rían de mi. “¿Llorar por Steve Jobs, un tipo al que nunca conocí, un multimillonario americano?. ¡Fanboy!”. Sí. Porque Steve no era sólo alguien a quien admiraba. Era una persona que cambió el mundo. Y, especialmente, cambió mi mundo.

He contado en este blog cómo me compré mi primer Mac, este Macbook Pro que va para 4 años y sigue conmigo como el primer día. O cómo nos hemos convertido en una iFamily. O cómo dejé el trabajo que tenía para aprender a desarrollar Apps para iOS. Y de cómo he ido creando mis modestas Apps. O cómo ha nacido Café y Cocoa. Nada de esto hubiera sido posible sin Steve. No podría trabajar, como hago ahora, sentado frente a mi iMac en mi despacho de casa, haciendo algo que me apasiona y me da de comer. Ni mis hijos asumirían que todos los ordenadores se manejan tocándose, como el iPad que usan para ver sus series de Clan TV, cuando se lo quitan a su madre. Sin Steve, mi vida y mi mundo serían ahora distintos.

Y además de los cambios externos, o visibles que he podido experimentar, están las lecciones que Steve nos dejó, como su memorable discurso en Stanford. El supo expresar con palabras ideas que ya estaban en mi cabeza y en mi corazón, y que me empujaron a querer hacer un poco mejor las cosas cada día. El me motivó y me enseñó.

Por todo esto, gracias Steve. Seguiremos teniendo a tu Apple, y los maravillosos productos con los que has cambiado el mundo. Pero no te tendremos a tí. Y aunque no te conociera, eras importante para mí. Y para muchos otros.

We love you, Steve!

6 comments

  1. Te entiendo Diego. No soy un usuario de Mac como vosotros, pero Migue me ha metido en este mundo Mac que desconocía hasta este año.

    Los sentimientos no son solo por la tecnología, si es lo que piensan muchos sobre quien ha llegado a sentir aflorar las lágrimas de emoción por su fallecimiento, sino por unas ideas, una vida especial en la que la superación y la reinvención de uno mismo, siempre accionado por una mente preclara.

    Cuando la vida de una persona, como es tu caso, llega a estar tan involucrada en esa manera de pensar y comprueba que es real, que hay que vivir cada día buscando lo que uno realmente ama hacer, la perdida de su presencia se siente en el alma, porque su filosofía ha alimentado tu alma. Pero la alegría con que se marchó, tranquilo y entre sus seres queridos, como decía la nota de prensa, es que ha podido compartir y ver realizada su filosofía de vida entre miles, cientos de miles, y estoy seguro de que muchos más de seguidores, no solo programadores, gente del mundo de la informática, sino también usuarios que han aprendido que las cosas cuando se quieren hacer bien, se pueden hacer maravillosamente bien.

    Sigue luchando y defendiendo siempre lo que amas hacer.

    Un abrazo

  2. Genial post. Estoy de acuerdo en que lo más importante que deja Steve no son sus geniales productos, en los que han participado muchas otras personas que no conoceremos tan bien como a Jobs, sino esa filosofía de vida, ese “stay hungry, stay foolish” que es un jarro de agua fría y a muchos nos ha hecho replantearnos seriamente como nos ganamos la vida y como nos gustaría ganárnosla.
    Siempre duele perder a un genio. No suelen abundar últimamente. Pero perder a un genio en el campo al que llevas dedicando toda tu vida duele especialmente. Se nos ha ido el Da Vinci de la informática. Solo espero que esa filosofía perdure y su inercia nos empuje durante mucho mucho tiempo.
    Stay Hungry.

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