Iluminado por mi iPhone

No, no es éste un post místico, hablando de que, gracias al iPhone, he visto la luz. Aunque, bueno, también. A fin de cuentas, gracias al iPhone va a cambiar mi vida pronto, pero eso es otra historia y ya habrá tiempo de contarla. Así que no me ha pasado como en todas las películas de cárceles americanas, donde siempre hay algún preso diciendo “que ha encontrado a Jesús, que si Jesús esto y Jesús aquello y ahora soy una mejor persona”. Pese a que el mote del iPhone sea el “Jesus Phone“.

El problema viene de las zonas de aparcamiento en el centro de Sevilla. Cada vez son más escasas y me encontré con una a las 12 de la noche. El problema: tenía una placa de prohibición: puedes dejar tu coche aquí, pero a las 7 de la mañana se lo puede llevar la grúa municipal. Como no está la cosa para muchas multas, me propuse levantarme temprano, a las 6:45, ducharme e ir a por el coche. Llegaría antes al trabajo, a Isotrol, y punto. Así aprovecho mejor la mañana, sin interrupciones, y puedo concentrarme en el trabajo, que es de lo que se trata ¿no? Pero no contaba yo con mi querida amiga, la Compañía Sevillana de Electricidad, más conocida hoy día como Endesa.

A las 6:45 me despertó la alarma de mi iPhone 3G S, pulsé el interruptor de la luz… y nada. Debo de estar dormido, así que apagué y encendí la luz un rato hasta que me di cuenta del problema. ¡Ya se ha fundido la bombilla! -pensé. Pero no, no había luz. En todo el bloque. Comprobé mi cuadro eléctrico y estaba todo en orden. Llamé al número de averías de Endesa (que llevo grabado en el iPhone, lo cual no es buena señal) y me informaron de que en 60 minutos estaría todo solucionado… ¡Qué bien!. O me voy sin ducharme como un guarro o me multan por dejar el coche en prohibido, ¡qué buena perspectiva!. Gracias, Endesa, por hacer mi vida un poco más difícil. Como dijo el genio: “¿para qué vivir tranquilo pudiendo vivir crispado?”.

Así que decidí ducharme, aunque no se veía nada dentro del piso. Negro como la boca de un lobo negro con dientes negros después de comerse una paella de arroz negro. Tengo una linterna para las emergencias, de esas que no tienen pilas y necesitan que permanentemente estés accionando una palanca para que una pequeña dinamo encienda unos LEDs. Es decir: o veo dónde está el jabón o me ducho, pero ambas cosas no. ¡Si tuviera una linterna con pilas! Y fue en este punto de desesperación cuando vino el iPhone a socorrerme. Bueno, los iPhones. Además de mi nuevo iPhone 3G S, que conseguí hace poco tras hacer una portabilidad de Orange a Movistar, sigo conservando mi iPhone 3G libre. Así que, con la aplicación Flashlight (para que luego se rían de las linternas que hay en la App Store) que tengo instalada en ambos iPhones, pude ducharme apuntando las dos pantallas hacia mi. La luz era tenue, como con velas, pero al menos me veía los pies asomando por debajo de mi barriga.

iPhone 3G S, 3G y iPod Touch

iPhone 3G S, 3G y iPod Touch

Si, ya se que todos hemos usado el móvil como linterna alguna vez. Pero, al menos yo, nunca había tenido tan buena luz en una situación tan oscura. Aquí es donde la pantalla del iPhone triunfa, ya que es muy brillante y, en completa oscuridad, es enorme. Cuando terminé de ducharme y vestirme, entre la luz de la luna que entraba por la puerta abierta del apartamento y el amanecer, pude salir de casa y evitar la multa.

Ahora sólo queda que alguien escriba una novela sobre los illuminati del iPhone…